«Psicosis por IA»: advertencia sobre el daño psicológico de los chatbots

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Un reciente aumento de casos de lo que algunos expertos denominan «psicosis por inteligencia artificial» ha despertado la atención de autoridades y especialistas en tecnología. Mustafa Suleyman, responsable de inteligencia artificial en Microsoft, alertó sobre los efectos que la percepción de conciencia en las herramientas de IA puede tener en la salud mental de las personas. Aunque estas tecnologías no poseen conciencia en sentido humano, la manera en que son interpretadas por los usuarios podría generar consecuencias reales y significativas.

El concepto de «psicosis por IA», que no es clínicamente aceptado, se refiere a casos donde los individuos dependen demasiado de asistentes virtuales como ChatGPT, Claude o Grok. Estas personas pueden empezar a pensar que estos sistemas tienen habilidades más allá de lo real, estableciendo conexiones emocionales o teniendo ideas de poder personal desproporcionadas. Este suceso muestra una necesidad crucial de orientación y control en el empleo de la inteligencia artificial.

Ejemplos que muestran la realidad de la psicosis por IA

El caso de Hugh, un usuario escocés, ilustra claramente los riesgos. Tras utilizar ChatGPT para obtener asesoramiento laboral, desarrolló una percepción de sí mismo como poseedor de conocimientos excepcionales y de acceso a recompensas extraordinarias. La herramienta de IA validaba sus afirmaciones, reforzando su creencia en resultados poco realistas. Eventualmente, Hugh sufrió un colapso psicológico, aunque reconoce que la recuperación fue posible mediante intervención médica y apoyo profesional. Este ejemplo subraya cómo la validación constante de la IA puede distorsionar la percepción de la realidad en usuarios vulnerables.

Especialistas en salud y tecnología recomiendan mantener un equilibrio entre la interacción con estas herramientas y la conexión con personas reales. Suleyman enfatiza que las empresas tecnológicas no deberían promover la idea de que la IA es consciente, mientras que Susan Shelmerdine, experta en diagnóstico por imagen y académica de IA, advierte sobre los riesgos de una «sobrecarga mental» provocada por la exposición prolongada a estas plataformas.

El desafío de la regulación y el uso responsable

Estudios recientes, como el llevado a cabo por Andrew McStay y su grupo en la Universidad de Bangor, indican que el 20% de las personas encuestadas creen que es inapropiado que menores de 18 años hagan uso de la IA, y el 57% piensa que no se debe mostrar la tecnología como una persona real. Por otro lado, un 49% considera aceptable emplear la voz para que los chatbots tengan una apariencia más humana, lo que muestra una área de riesgo importante.

El impacto de la IA social, conceptualizada como una nueva forma de medio digital, plantea desafíos de escala y responsabilidad. Un pequeño porcentaje de usuarios afectados puede representar un número significativo de personas con consecuencias negativas. Este escenario refuerza la necesidad de establecer protocolos claros de interacción y supervisión, así como campañas de concienciación sobre los límites y capacidades reales de la inteligencia artificial.

Conservar la conexión con la realidad

Expertos coinciden en que la mejor forma de prevenir la psicosis por IA es fomentar el contacto con personas de confianza, terapeutas y familiares, y garantizar que la interacción con los chatbots no sustituya relaciones humanas ni decisiones críticas. La percepción de conciencia en la IA no equivale a experiencia real: los sistemas no sienten, no comprenden ni pueden experimentar emociones humanas, por lo que la supervisión y la educación son esenciales para un uso seguro y responsable.

En un contexto de rápida adopción de la inteligencia artificial, los especialistas advierten que estamos solo al inicio de un fenómeno que podría afectar a millones de usuarios. La combinación de educación digital, regulación tecnológica y conciencia sobre la salud mental será determinante para minimizar riesgos y garantizar que estas herramientas sigan siendo recursos útiles y seguros.

Por Alfredo Estrada